Webinar: COVID-19 y futuro del trabajo


3 de abril de 2020, 17h vía Zoom

En el marco de la pandemia del COVID19 y los cambios repentinos que causó en la sociedad, que afectaron nuestras formas de relacionarnos y cómo trabajamos, desde el Hub de Global Shapers Buenos Aires decidimos discutir a través de un webinar con Sofía Scasserra (investigadora en IMT-UNTREF y FAECYS), Leticia Gasca (CEO en Skills Agility Lab y co-founder the #FuckUpNights) y Alberto Arenaza  (Minerva Alumni, co-fundador de Transcend Network) las lecciones que esta crisis nos dejará en cuanto al #FuturoDelTrabajo.

Los cambios recientes dejan a la vista que si bien para algunos el trabajo remoto surgió como una oportunidad más, para muchos otros significó una obligación para sortear la crisis actual. En este sentido, Leticia cree que el cambio va a ser proporcional al tiempo que dure la emergencia sanitaria: cuanto más dure esta situación, más fuertes serán las transformaciones resultantes.

Más allá de los cambios experimentamos la mayoría en el día a día, incluidos los que tienen que ver con la dinámica de los lugares del trabajo y en la movilidad, también se podría predecir que las aseguradoras pronto comenzarán a discutir la posibilidad de crear seguros contra pandemia en el futuro.

En cuanto al teletrabajo, “existe una posibilidad real de esta tendencia haya llegado para quedarse,” sostuvo Leticia, “ya que las organizaciones se dieron cuenta que no es no es necesario tener a las personas físicamente en un lugar para que cumplan un rol en la misma y sean productivos. Es real que el mundo entero aún no goza de conexión a internet, pero también es real que cada vez más personas se encuentran conectadas a la red y nada indica que esta tendencia se vaya a frenar o retroceder, sino todo lo contrario”.

Uno de los puntos más fuertes que destacó Leticia fue la importancia que el COVID19 va a tener en la automatización, basada en datos históricos que muestran que esta no ocurre de forma lineal, sino que su velocidad y capacidad de transformación se acentúa durante los períodos de crisis. Por ejemplo, según los datos que compartió, el 88% de la pérdida de trabajo en el mundo se dio durante las últimas tres grandes crisis debido a la automatización generada en esos momentos, que impactó principalmente en los rubros de la producción manufacturera, el servicios de alimentos y el transporte.

Hoy más personas se vuelcan a prestar sus servicios en la llamada gig economy. Sin embargo, muchas lo hacen de forma forzada ante la falta de otras opciones, y no por elección propia. “Esto va a generar nuevas legislaciones”, sostuvo, “lo malo de la gig economy es que se basa justamente en los trabajadores más desprotegidos”.

Además, otro aspecto relevante mencionado por Leticia tuvo como foco a las personas mayores: probablemente serán quienes enfrenten más problemas a la hora de re adaptarse a la nueva lógica del mundo virtual y con trabajo a distancia.

¿Qué hacen las organizaciones que están atravesando mejor la crisis? Para Leticia, las que están demostrando cierto éxito en su adaptación comparten algunas características: son resilientes en tiempos difíciles, reaccionaron de forma veloz, incluso antes que el gobierno, y al momento de repensar su tramado organizacional pusieron a la gente primero.

Por su parte Alberto Arenaza puso énfasis en que debemos entender que esta es una crisis única, ya que las económicas del último siglo no estuvieron ligadas a cuestiones sanitarias.

Pese a su formación off-campus gracias a Minerva, mencionó una encuesta reciente en la que el 40% de los estudiantes dijeron detestar la experiencia del aprendizaje online, más allá de que hoy es donde tuvieron que volcarse los docentes para seguir sus cronogramas y obligaciones.

Además, la misma encuesta encontró que menos del 40% de los docentes se sentía preparado para dar clases en este formato, y el 60% tuvo que hacerse responsable de encontrar y proveer materiales didácticos ajustados a esta situación. Incluso debieron decidir sobre qué medio o herramienta utilizar, lo que afectó la lógica que siguen cuando dan clases de forma presencial. Para Alberto, sin embargo, la experiencia online no es algo que va a reemplazar lo físico, sino que que se va a integrar a la presencial.

Las alternativas online también generan que ante la falta de actualización de programas de estudios de las universidades y en la medida que se prolongue el estado de pandemia, muchos adolescentes puedan volcarse a la formación específica u online o a programas de aprendizaje práctico en empresas que complementen su educación. Esta, por ejemplo, es una medida que en Estados Unidos el gobierno federal ha empezado a financiar.

Uno de los datos más relevantes, que ayuda a dimensionar la histórica brecha Norte-Sur, es que hoy hay 1600 millones  de estudiantes que no pueden acceder a sus aulas, pero cómo afecta a los jóvenes de cada región y país varía de forma drástica. Por ejemplo, en los países con altos niveles de PBI per cápita, cerca del 90% de los estudiantes puede seguir sus clases online, mientras que en el resto de los países en vías de desarrollo sólo el 25% logra acceder a estos contenidos, generando así una desventaja para ellos. Este atraso será profundizado en la medida que se extienda la pandemia y es por eso que  Alberto entiende que el acceso a Internet se ha transformado en algo fundamental, más allá de que la conectividad no lo resuelve todo. En este sentido, destacó que “hay que discutir cómo llega el contenido y ya no solo el contenido en sí”.

Al preguntarle cómo va a afectar al esta crisis al mundo de la educación, Alberto identifica tres aristas clave. En primer lugar, el COVID19 está desatando una revolución y va a acelerar cambios que iban a llevar décadas. Además, se va a generar una demanda para alternativas educativas que no eran tan masivas antes, excepto en Estados Unidos o algunos países de Europa, y en tercer lugar, el acceso a internet se convirtió en clave para aumentar la cantidad de contenidos y calidad de la educación en los distintos países.

En cuanto al futuro del trabajo, Sofía Scasserra desafió a no pensar en estos términos sino en el trabajo del futuro: sabemos que va a haber empleo, lo que no sabemos es bajo qué condiciones se va a dar y cuáles van a ser esas tareas.

En ese sentido ella pone hincapié en los derechos laborales ganados durante el último siglo, donde el empleo registrado y decente se volvió de vital importancia, mientras que en América Latina, el teletrabajo no tenía mucha incidencia. Un estudio próximo a salir del Instituto para la Integración de América Latina y el Caribe del BID (Banco Interamericano de Desarrollo) señala que solo el 24% de los empleos que podrían aprovechar esta modalidad la están utilizando efectivamente.

Para Sofía si bien el teletrabajo abre un universo de posibilidades, aún hay muchas discusiones que deben saldarse. El hogar de uno puede no ser un espacio de trabajo ideal, muchas veces no se cuenta con una computadora propia y se comparte con otros miembros de la familia, además de requerir licencias de software y afrontar los gastos de luz e internet extra generados por esta actividad. A su modo de ver,  estos gastos no pueden caer en el trabajador, y menos a la salida de una crisis como esta.

Esta situación plantea una serie de derechos que se deben defender de forma colectiva y no de individualmente. Si bien el teletrabajo puede verse como un mundo de oportunidades, es necesario que sea una posibilidad y no un problema más que se sume a los previos.

Otro tema que Sofía encuentra importante en estos tiempos es el derecho a la desconexión.  Aquellas notificaciones e emails de trabajo que llegan a cualquier hora, aún cuando no son respondidos inmediatamente, ya atentan contra nuestra salud mental al generar una preocupación inmediata sobre algo a hacer en la siguiente jornada laboral. Más allá del derecho a clavar el visto (que todos lo tenemos), directamente no nos deberían llegar estas notificaciones fuera de hora. En Francia esta situación se reguló a través de una ley nacional, mientras que en Alemania este derecho se está negociando e incluyendo en los convenios colectivos de trabajo.

Si mi jefe/a me escribe después de hora, ¿cuál es mi compensación? Es necesario, según Sofía, frenar con el modelo actual donde lo público y lo privado ya no se diferencia. Trabajar y atender a la familia al mismo tiempo, o el famoso multitasking (todavía visto como algo bueno), en realidad atenta contra la salud mental de los trabajadores y va a repercutir en su productividad.

Si bien en América Latina ha habido mucha resistencia al teletrabajo por parte de los empleadores, por creer que los trabajadores no cumplirían o rendirían lo mismo que yendo a trabajar a un lugar fijo impuesto por la organización, esta crisis sirvió para demostrar que eso no era tan así.

Sofía llamó la atención sobre el capitalismo vigilante, que acompaña esta nueva modalidad. Hoy este sistema se mete en nuestras casas, cuando en realidad es necesario preservar el derecho a tener una vida privada y propia distinta a la pública. Es por esto que Sofía manifestó que no está a favor de los software de control y vigilancia que hoy imponen muchas empresas, ya que los empleados no saben qué datos captan de ellos.

“Si vamos a teletrabajar debemos marcar primero los límites, cuáles son las reglas del juego y juntos definir lo mejor para las empresas y para los trabajadores y su salud mental. Hay que ir a un modelo en donde ganen todos, quizás menos cada uno, sí, pero donde nadie pierda”, dijo. En este sentido, Leticia, toma el guante y coincidió en que no hay que hablar más del futuro del trabajo sino sobre el futuro de los trabajadores.

Sin dudas, este nuevo modelo debe ser discutido entre todos los sectores de la sociedad (Estado, empresas y organizaciones de la sociedad civil). Desde Global Shapers acompañamos el debate y ofrecemos el espacio para que entre actores diversos generemos mejores respuestas a estos desafíos que enfrentamos, acelerados por una crisis que atravesó al mundo.  

 

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